Saltar al contenido principal

Gay y desarrollador web

Llevo más de veinte años en esto. He trabajado en empresas, como freelance, solo y en equipo. Y en todo ese tiempo, ser gay ha sido simultáneamente irrelevante para mi trabajo y sorprendentemente relevante para cómo me perciben en el sector.

No escribo esto como manifiesto. Lo escribo porque llevo años leyendo artículos sobre diversidad en tech que hablan de diseñadores, de product managers, de perfiles creativos — como si ser gay y trabajar en tecnología significara automáticamente que estás en el lado "creativo" de la mesa. Rara vez se habla del desarrollador que escribe CSS a mano, configura servidores y despliega sitios estáticos. Así que voy a hablar yo.

El estereotipo invisible #

Existe un estereotipo del profesional gay en el mundo digital: diseñador, con buen gusto visual, sensibilidad estética, presencia en redes. Es un estereotipo positivo, si quieres verlo así, pero sigue siendo un estereotipo. Y como todos, reduce y encasilla.

Cuando digo que soy desarrollador web — no diseñador, no UX, no director creativo — hay una especie de desconexión en la cabeza de la gente. Como si no encajara. Como si hubiera elegido el oficio equivocado para mi orientación sexual.

Es una tontería, obviamente. Pero las tonterías repetidas mil veces acaban formando un paisaje. Y en ese paisaje, el desarrollador gay es una figura que simplemente no aparece. No porque no exista, sino porque no encaja en ninguna narrativa cómoda.

La meritocracia que no existe del todo #

El sector tecnológico se enorgullece de ser meritocrático. "Aquí solo importa el código". "No nos importa quién eres, sino lo que haces". Y en gran medida es cierto — más que en otros sectores, sin duda. He tenido clientes que nunca supieron ni les importó mi orientación sexual. He colaborado con gente que me valoraba exclusivamente por mi trabajo.

Pero la meritocracia tiene un punto ciego: asume que todos parten del mismo lugar. Y no es así.

No hablo de discriminación directa. En más de dos décadas en el sector, puedo contar con los dedos de una mano las situaciones abiertamente hostiles. Hablo de cosas más sutiles: la reunión con el cliente donde mides si mencionar a tu pareja o usar un pronombre neutro. El proyecto con un equipo nuevo donde calculas cuánta información personal compartir. La conferencia técnica donde el networking de after-hours gira alrededor de conversaciones que asumen heterosexualidad por defecto.

Son fricciones pequeñas. Ninguna es dramática por sí sola. Pero acumuladas durante años, consumen una energía que otros no tienen que gastar.

La cultura "bro" #

La programación tiene un problema de cultura que va más allá de la orientación sexual, pero que la incluye. Los foros técnicos, los chats de desarrollo, las comunidades open source — muchos tienen un tono que es, como mínimo, poco acogedor. No necesariamente homófobo, pero sí agresivamente masculino de una forma muy específica: competitivo, sarcástico, impaciente.

No es que no pueda funcionar en ese entorno. Puedo, y lo hago. Pero hay una diferencia entre poder funcionar y sentirte cómodo. Y esa diferencia acaba influyendo en decisiones profesionales: a qué comunidades te unes, en qué proyectos colaboras, con quién quieres trabajar.

Mi decisión de trabajar como freelance tiene muchas razones. La libertad técnica, la autonomía, el control sobre mis proyectos. Pero si soy honesto, una de esas razones — no la principal, pero real — es poder elegir mi entorno profesional sin tener que adaptarme a dinámicas que no me representan.

Lo que no pido #

No pido trato especial. No pido cuotas ni visibilidad forzada ni que nadie cambie su forma de trabajar por mí. Lo que pido es más simple: que no se asuma.

Que no se asuma que el desarrollador es hetero por defecto. Que no se asuma que hablar de diversidad en tech es hablar de género y no de orientación sexual. Que no se asuma que el profesional gay está en diseño, en producto o en marketing, pero no en el terminal escribiendo código.

Y sobre todo, que no se asuma que porque "aquí solo importa el código", no hay nada más de lo que hablar. El código no existe en el vacío. Lo escriben personas. Y las personas traemos todo lo que somos al trabajo, aunque intentemos dejarlo en la puerta.

Ser visible sin ser activista #

No tengo bandera en mi bio de GitHub. No participo en grupos de "LGTB in tech". No voy a conferencias de diversidad. No es mi forma de estar en el mundo, y no creo que sea obligatorio para ningún gay que trabaje en tecnología.

Mi forma de visibilidad es más silenciosa: no esconderme. Mencionar a mi pareja cuando surge naturalmente. No cambiar pronombres. No participar en el juego de ambigüedades que durante años fue la norma.

Simplemente existir como lo que soy — un desarrollador que resulta ser gay — en un espacio donde esa combinación no se ve a menudo. No porque no exista, sino porque muchos prefieren no mencionarlo. Y lo entiendo. Cada uno gestiona esto como puede.

Pero creo que hay valor en decirlo en voz alta de vez en cuando. No para hacer un alegato, sino para que el siguiente desarrollador que sea gay y no se vea reflejado en ninguna narrativa del sector sepa que no está solo. Que hay más de nosotros de los que parece. Que escribimos CSS, configuramos servidores y desplegamos sitios estáticos. Y que el código que escribimos es exactamente igual de bueno — o de malo — que el de cualquiera.