La muerte (y resurrección) de la web personal
Hubo un tiempo en el que tener una web personal era lo normal. Si eras profesional de lo que fuera — fotógrafo, periodista, abogado, programador — tenías tu sitio. Era tu dirección en internet. Tu tarjeta de visita digital. Tu territorio.
Luego llegaron las redes sociales y nos convencieron de que no necesitábamos nada de eso. ¿Para qué mantener una web si puedes tener un perfil en LinkedIn, una página en Facebook, un portafolio en Behance? Es gratis, es fácil, ya tiene audiencia.
Y durante una década, la web personal casi desapareció.
El problema de no tener casa propia #
Publicar tu trabajo exclusivamente en plataformas de terceros es como montar tu negocio en un local alquilado donde el propietario puede cambiar las condiciones cuando quiera. Y las cambia:
- Facebook redujo el alcance orgánico de las páginas al mínimo para forzar la publicidad de pago
- Instagram cambió su algoritmo tantas veces que los creadores perdieron el control de quién ve su contenido
- Twitter/X se convirtió en algo irreconocible de la noche a la mañana cuando cambió de dueño
- LinkedIn premia el contenido viral sobre el profesional
- Medium puso un muro de pago a contenido que los autores publicaron pensando que sería libre
En todos estos casos, el contenido no es tuyo. La audiencia no es tuya. Las reglas no son tuyas. Y cuando la plataforma toma una decisión que no te gusta, tu única opción es aceptarla o irte — perdiendo todo lo que habías construido allí.
Lo que pierdes sin web propia #
Control sobre la presentación. En una red social, tu contenido se presenta como la plataforma decide: entre anuncios, entre contenido de otros, con un diseño que no has elegido. En tu web, tú decides cómo se ve cada palabra.
Independencia del algoritmo. Si alguien quiere leer lo que escribes, va a tu web y lo lee. No depende de que un algoritmo decida mostrar tu contenido en el feed de nadie.
Permanencia. Tu web existe mientras tú la mantengas. No depende de que una empresa de Silicon Valley siga siendo rentable o de que un inversor no decida pivotar a otra cosa.
Profesionalidad. Un dominio propio con tu nombre o tu marca transmite seriedad. Un enlace a un perfil de red social no transmite lo mismo — transmite que estás de prestado en un espacio ajeno.
El resurgimiento #
En los últimos años, ha habido un movimiento claro de vuelta a la web personal. Los blogs personales están volviendo. Los portfolios autoalojados están volviendo. La idea de poseer tu contenido está recuperando tracción.
No es casualidad que coincida con el desencanto general hacia las redes sociales. La gente está empezando a valorar los espacios tranquilos, sin algoritmos, sin publicidad, sin métricas de engagement. Espacios donde escribes porque quieres, no porque necesitas alimentar un algoritmo.
Los generadores estáticos como Eleventy, Hugo o Astro han hecho que mantener una web personal sea técnicamente trivial. Un hosting estático en Netlify o Cloudflare Pages es gratuito. Un dominio cuesta 10-15€ al año. El coste de tener tu propio espacio nunca ha sido tan bajo.
Mi experiencia #
Este sitio, paigar.es, existe por la misma razón. Podría publicar estos artículos en Medium o en LinkedIn. Llegarían a más gente, probablemente. Pero serían contenido de otra plataforma, mostrado según sus reglas, sujeto a sus decisiones.
Aquí el contenido es mío. El diseño es mío. Las decisiones técnicas son mías. Si dentro de diez años quiero cambiar todo el diseño, puedo. Si quiero migrar de servidor, puedo. Si quiero exportar todo mi contenido, ya está en ficheros Markdown — es el formato más portable que existe.
No llego a mucha gente con esta web. Probablemente nunca lo haga. Pero las personas que llegan, llegan porque querían llegar aquí. No porque un algoritmo decidió mostrarles mi contenido entre dos anuncios.
Y eso tiene un valor que ninguna plataforma puede igualar.