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Más de 25 años escribiendo código para la web

Alrededor de 1999 hice mi primera página web. Fue en Geocities, con Frontpage, y probablemente tenía un GIF animado en cada esquina. No recuerdo exactamente qué contenía, pero sí recuerdo la sensación: escribir algo, subirlo a un servidor y que cualquiera en el mundo pudiera verlo. Esa sensación, más de veinticinco años después, sigue intacta.

Lo que ha cambiado #

Todo y nada. Las herramientas son incomparablemente mejores. CSS Grid habría parecido ciencia ficción en los tiempos de Frontpage. JavaScript pasó de ser el lenguaje que nadie respetaba a dominar el ecosistema entero. Los navegadores dejaron de ser enemigos entre sí y se convirtieron en aliados del desarrollador. Y Flash, que en su momento parecía el futuro inevitable de la web interactiva, desapareció sin dejar rastro.

Recuerdo las guerras de navegadores. Escribir CSS que funcionase igual en Internet Explorer 6 y en Firefox era un ejercicio de paciencia y hacks. Teníamos *html, _underscore hacks, conditional comments y una resignación colectiva que hoy nos parecería absurda. Los que empiezan ahora no saben la suerte que tienen con la compatibilidad actual entre navegadores.

También recuerdo cuando JavaScript era solo para validar formularios y hacer menús desplegables. La idea de construir una aplicación entera en JavaScript era impensable. Ahora hay gente que no concibe una web sin un framework JS renderizando en el servidor el HTML que podría haber sido estático desde el principio.

Pero la esencia del trabajo sigue siendo la misma: alguien tiene una idea, y tú la conviertes en algo que funciona en un navegador.

Lo que no ha cambiado #

La tentación de complicar las cosas. A finales de los noventa eran los framesets, las tablas de layout y las animaciones Flash innecesarias. Hoy son los frameworks JavaScript de 200KB para mostrar un blog, los builds de diez minutos y las dependencias que se actualizan más rápido de lo que puedes probarlas.

La tecnología cambia, pero la tendencia a la sobreingeniería es una constante humana.

He perdido la cuenta de los proyectos en los que alguien eligió una tecnología no porque fuera la mejor para el problema, sino porque era la más nueva, la que estaba de moda, o la que quedaba mejor en el currículum. Y en muchos de esos casos, el resultado fue peor que si se hubiera usado la opción aburrida y probada.

He aprendido que la mejor herramienta es la que no necesitas. Que una web estática bien hecha carga más rápido que cualquier SPA. Que CSS puro es más mantenible que cualquier sistema de utilidades. Y que la documentación más valiosa es la que escribes pensando en ti mismo dentro de seis meses, cuando hayas olvidado por qué hiciste lo que hiciste.

Las modas que he sobrevivido #

Si algo te enseñan veinticinco años en este oficio es a no enamorarte de las herramientas. He visto ir y venir:

No digo que fueran malas herramientas. Muchas resolvieron problemas reales en su momento. Pero el que apostó todo a Flash en 2008, o construyó toda su infraestructura sobre AngularJS en 2014, aprendió por las malas lo que pasa cuando dependes de tecnologías que no controlas.

Lo que importa #

Después de más de veinticinco años, lo que más valoro es:

Este sitio es mi forma de practicar lo que predico: código limpio, sin frameworks, sin dependencias innecesarias. Solo texto, estructura y estilo. Exactamente como aquella primera página en Geocities, pero sin los GIFs animados.