La web que perdimos
Hay una web que ya no existe. No desapareció de golpe — se fue diluyendo, como un color que se lava con cada colada. Si empezaste a navegar antes de 2005, sabes de qué hablo. Si no, te cuento cómo era.
La web de los descubrimientos #
Internet en los primeros 2000 era un lugar de exploración. No había algoritmo que te mostrara lo que "debías" ver. Había directorios como Yahoo, webrings que te llevaban de un sitio personal a otro, y blogs con blogrolls — listas de enlaces a otros blogs que el autor recomendaba.
Encontrar una web interesante era como encontrar una tienda en un callejón: inesperado, personal, único. Cada sitio tenía su propia identidad visual porque no había plantillas de WordPress ni frameworks CSS que homogeneizaran todo. Algunos eran horribles. Muchos eran maravillosos. Todos eran diferentes.
La gente escribía porque quería escribir, no porque necesitara "crear contenido". No había métricas de engagement, ni algoritmos que premiaran la frecuencia sobre la calidad, ni presión por "monetizar tu audiencia". Había personas compartiendo lo que sabían con otras personas.
Lo que pasó #
Las plataformas centralizaron la web. Facebook, Twitter, Instagram, Medium, YouTube — cada una se convirtió en un universo cerrado que absorbía tiempo, contenido y atención.
¿Para qué mantener un blog propio si puedes publicar en Medium y llegar a más gente? ¿Para qué tener un portfolio propio si LinkedIn ya tiene esa sección? ¿Para qué hacer una web de fotos si Instagram es gratis y tiene millones de usuarios?
Las razones eran comprensibles. Pero el resultado fue que internet dejó de ser una red de nodos independientes y se convirtió en un puñado de plataformas que controlan cómo se crea, se distribuye y se consume el contenido.
La diversidad visual desapareció. Una publicación en Instagram se ve igual que otra. Un artículo en Medium tiene el mismo aspecto que cualquier otro. El diseño de la web dejó de ser responsabilidad del creador y pasó a ser decisión de la plataforma.
Lo que se puede recuperar #
No soy ingenuo. La web de 2003 no va a volver, ni debería. Tenía problemas reales: era difícil de mantener, técnicamente hostil para los no-programadores, y descubrir contenido sin buscadores decentes era frustrante.
Pero hay cosas de esa web que sí se pueden recuperar:
La propiedad del contenido. Tu blog en tu dominio con tus ficheros. Si la plataforma desaparece, tu contenido sigue ahí. Esto no es nostalgia — es pragmatismo.
La diversidad visual. No todo tiene que verse como una tarjeta de Material Design o un grid de Tailwind. Las webs personales pueden ser idiosincrásicas, experimentales, imperfectas. Eso es lo que las hace interesantes.
La intención. Escribir porque tienes algo que decir, no porque el algoritmo necesita alimentarse. Publicar cuando hay algo que publicar, no por mantener una cadencia.
Los enlaces. La web fue diseñada para enlazar. Un enlace a otro sitio no es "perder tráfico" — es la forma en que la web funciona. Los blogrolls, las recomendaciones, los enlaces en artículos. Cuantos más enlaces, más rica es la red.
Este sitio como ejemplo #
Paigar.es no es un intento de volver a 2003. Es un intento de construir algo que recoja lo bueno de esa época — la propiedad, la identidad, la intención — con las herramientas de hoy.
No tiene algoritmo. No tiene analytics. No tiene comentarios ni botones de compartir. Tiene texto, enlaces y un feed RSS para quien quiera suscribirse. Es lo mínimo necesario para participar en la web como fue concebida.
No pretendo cambiar internet con un blog personal. Pero si cada persona que piensa "debería tener mi propia web" la hiciera, la web sería un lugar más interesante. Más diverso. Más humano.
Y quizás un poco más parecido a lo que fue cuando descubrimos que era algo especial.